Sara i René Viticultors
El proyecto Sara & René Viticultors nace del deseo de trabajar algunas viñas muy concretas del Priorat de una manera profundamente personal, centrándonos en el carácter de cada lugar y en la relación íntima entre paisaje, planta y vino.
Los inicios
Todo comienza cuando tenemos la oportunidad de recuperar una pequeña finca llamada Bellvisos, una viña vieja situada en una ladera abrupta del Priorat. Era un lugar salvaje, rodeado de bosque mediterráneo, donde las viñas crecían casi escondidas entre encinas, pinos y arbustos. Un paisaje duro y a la vez profundamente bello.
Donde la tierra exige
Bellvisos no es una viña fácil. Las pendientes son extremadamente pronunciadas, con inclinaciones que convierten cada jornada de trabajo en un esfuerzo físico intenso. El suelo es de llicorella, la pizarra característica del Priorat, una roca laminada y frágil que se descompone en láminas oscuras y obliga a las raíces de la viña a penetrar profundamente en la tierra para encontrar agua y nutrientes.
Trabajar aquí significa aceptar las condiciones del paisaje. Las viñas están plantadas en bancales estrechos o directamente sobre pendientes donde prácticamente todo debe hacerse a mano.
No hay espacio para maquinaria pesada ni caminos fáciles. Cada poda, cada tratamiento y cada vendimia exigen tiempo, paciencia y una relación muy directa con la viña.
Pero precisamente esta dureza es también lo que da sentido a estas viñas. En estas condiciones extremas las plantas crecen lentamente, desarrollan raíces profundas y encuentran su propio equilibrio con el entorno. De aquí nacen la intensidad y la identidad de los vinos del Priorat.
Cuando empezamos a trabajar Bellvisos lo hicimos con la voluntad de escuchar el lugar, sin imponer un modelo previo. Observamos cómo reaccionaban las plantas, cómo se comportaba el suelo y qué tipo de vino podía nacer de aquella parcela.
Con el tiempo, el proyecto fue creciendo en torno a la idea de las “partides”, que es la manera tradicional de llamar a las parcelas en el Priorat. Cada partida es un pequeño mundo dentro del paisaje: una combinación única de suelo, orientación, pendiente, clima y variedades que da lugar a vinos con personalidad propia.
Escuchar la viña
Las viñas se trabajan con agricultura ecológica, buscando siempre el equilibrio entre planta, suelo y paisaje. Nuestro objetivo no es intervenir demasiado, sino acompañar a la viña para que pueda expresar con honestidad el carácter del lugar.
Las variedades que cultivamos son las históricas del Priorat: garnacha, cariñena y garnacha peluda, variedades perfectamente adaptadas a este clima mediterráneo seco y a los suelos pobres de llicorella.
Son cepas que han aprendido a sobrevivir en condiciones difíciles y que hoy forman parte esencial del paisaje.
Este proyecto es, en el fondo, una manera de dialogar con el territorio. Cada partida tiene su propia voz y cada vino intenta explicar la historia de aquel lugar.
Dos voces del Priorat
Las dos partidas principales de este proyecto son Bellvisos y Pedrer, dos lugares cercanos pero con personalidades muy diferentes dentro del paisaje del Priorat.
Bellvisos es una finca aislada, rodeada de bosque, situada en una ladera muy pronunciada. Es un lugar más salvaje y austero, donde la viticultura exige un trabajo muy intenso y donde las viñas crecen en condiciones extremas.
Pedrer, en cambio, es una parcela donde el paisaje se abre un poco más y donde la presencia de piedra y llicorella domina el terreno. Aquí los vinos muestran una expresión algo más abierta y delicada del territorio.
A través de estas dos partidas intentamos mostrar cómo un mismo paisaje puede generar vinos diferentes según su orientación, su suelo y su equilibrio natural.